lunes, septiembre 25, 2006
miércoles, septiembre 07, 2005
miércoles, agosto 24, 2005
domingo, abril 17, 2005
miércoles, marzo 02, 2005
Diario de viaje (III) - Check out
Shirley. Vestida de negro.
Luce un pasaporte flamante y una sonrisa demasiado ingenua y amable como para ser habitante habitual de vuelos transoceánicos. Rellena con dificultad de pocos años de escuela los papeles de inmigración. Se entusiasma con facilidad de pocos años de guerra contando su historia.
Diz que tiene un namorado español que la ha invitado de visita. Diz que está casada y separada. Diz que tiene una hija que ha dejado con su exmarido para estrenar su flamante pasaporte. Diz que no querría morar na Espanha.
Enseña con brillo en los ojos un papel firmado ante notario, según ella ábrete sésamo de fronteras hostiles: o namorado se hace responsable. Según ella entiende todo en espanhol, incluyendo letras de canciones. No suelta en todo el viaje su chaqueta negra de piel ligera, endeble para fríos europeos de esos que enfrían hasta el alma, inútil para el sitio donde vive.
Shirley no conoce el camino de un enlace de aeropuerto, no sabe qué es un duty free, ni un detector de metales, ni un scanner. Shirley se deja guiar confiada por el laberinto y agradece -sonrisa luminosa latitud sur- la espera en zona fumadores del vuelo a Bcn.
Diz que no sabe de qué trabaja o namorado. Diz que nao pero está cada vez más asustada y convierte en parapeto la chaqueta, el pasaporte, los papeles firmados o no ante notario. No hay finger para el vuelo y asiste a su estreno de frío polar en el autobús que va al avión. Shirley agradece mi bufanda.
Llegada. Distintivos claros que tengo que explicarle. Control de pasaportes. Ciudadanos EU, Resto del mundo. Fin del viaje. Cada cual a un lado diferente de la barrera metálica que separa ambas filas. Una rápida. La otra lenta y minuciosa.
Ni miro hacia atrás al ir hacia recogida de equipajes, sabiendo como sé que no ha pasado y que deberá esperar, a un lado de la cola, hasta el final, cuando inspeccionen con detalle los casos poco convincentes.
Milagro logístico. Esta vez ha llegado la maleta.
Salgo a esa hora en que hasta los aeropuertos están casi vacíos; aunque las apariencias engañen, será relativamente fácil identificar a un hombre gordo evidente solterón o viudo, un aventurero enamoradizo, un traficante de mulatas de colmillo retorcido o un ciudadano común que fue a Brasil de vacaciones.
Nadie espera a nadie.
Luce un pasaporte flamante y una sonrisa demasiado ingenua y amable como para ser habitante habitual de vuelos transoceánicos. Rellena con dificultad de pocos años de escuela los papeles de inmigración. Se entusiasma con facilidad de pocos años de guerra contando su historia.
Diz que tiene un namorado español que la ha invitado de visita. Diz que está casada y separada. Diz que tiene una hija que ha dejado con su exmarido para estrenar su flamante pasaporte. Diz que no querría morar na Espanha.
Enseña con brillo en los ojos un papel firmado ante notario, según ella ábrete sésamo de fronteras hostiles: o namorado se hace responsable. Según ella entiende todo en espanhol, incluyendo letras de canciones. No suelta en todo el viaje su chaqueta negra de piel ligera, endeble para fríos europeos de esos que enfrían hasta el alma, inútil para el sitio donde vive.
Shirley no conoce el camino de un enlace de aeropuerto, no sabe qué es un duty free, ni un detector de metales, ni un scanner. Shirley se deja guiar confiada por el laberinto y agradece -sonrisa luminosa latitud sur- la espera en zona fumadores del vuelo a Bcn.
Diz que no sabe de qué trabaja o namorado. Diz que nao pero está cada vez más asustada y convierte en parapeto la chaqueta, el pasaporte, los papeles firmados o no ante notario. No hay finger para el vuelo y asiste a su estreno de frío polar en el autobús que va al avión. Shirley agradece mi bufanda.
Llegada. Distintivos claros que tengo que explicarle. Control de pasaportes. Ciudadanos EU, Resto del mundo. Fin del viaje. Cada cual a un lado diferente de la barrera metálica que separa ambas filas. Una rápida. La otra lenta y minuciosa.
Ni miro hacia atrás al ir hacia recogida de equipajes, sabiendo como sé que no ha pasado y que deberá esperar, a un lado de la cola, hasta el final, cuando inspeccionen con detalle los casos poco convincentes.
Milagro logístico. Esta vez ha llegado la maleta.
Salgo a esa hora en que hasta los aeropuertos están casi vacíos; aunque las apariencias engañen, será relativamente fácil identificar a un hombre gordo evidente solterón o viudo, un aventurero enamoradizo, un traficante de mulatas de colmillo retorcido o un ciudadano común que fue a Brasil de vacaciones.
Nadie espera a nadie.
domingo, febrero 13, 2005
Diario de viaje (II) - Sur I
La ciudad -dicen- es la que tiene más bares por habitante, y son muchos habitantes.
La ciudad -veo- está circunvalada por una anillo viario que a veces -no siempre- la separa de esa naturaleza descomunal que estalla en tierra roja, selva verde y montes cayendo a pico en los que no se ve una roca, bajo un cielo que -como en todo el sur- duele en los ojos de tan limpio y transparente.
Cada tanto, bidones de metal camuflados accidentalmente de óxido y abolladuras, interrumpen el caos del tráfico con el caos alternativo de un control militar.
Cada tanto, puestos ambulantes anunciados en simples pizarras con trazos gruesos de tiza ofrecen fruta casi salvaje, muebles de madera, árboles maduros cargados de racimos, flores que todavía brillan con la humedad de la sombra de donde fueron arrancadas.
La ciudad -veo- está circunvalada por una anillo viario que a veces -no siempre- la separa de esa naturaleza descomunal que estalla en tierra roja, selva verde y montes cayendo a pico en los que no se ve una roca, bajo un cielo que -como en todo el sur- duele en los ojos de tan limpio y transparente.
Cada tanto, bidones de metal camuflados accidentalmente de óxido y abolladuras, interrumpen el caos del tráfico con el caos alternativo de un control militar.
Cada tanto, puestos ambulantes anunciados en simples pizarras con trazos gruesos de tiza ofrecen fruta casi salvaje, muebles de madera, árboles maduros cargados de racimos, flores que todavía brillan con la humedad de la sombra de donde fueron arrancadas.
En el lado urbano del anillo viario, se acumulan caóticamente edificios, almacenes, comercios impensables, casas paupérrimas de colores millonarios, y -lo más frecuente- moteles y talleres de reparación de neumáticos.
En el Sur el asfalto revienta ruedas y el amor revienta las costuras; ambos buscan sin pudor rincones donde repararse, entre luces de colores y promesas de desayuno regalado, ofertas de tres por dos, ráfagas inclementes de sol y diluvios instantáneos de 10 minutos.
En el Sur, la vida no hace concesiones.
jueves, febrero 03, 2005
Diario de viaje ( I ) - Check in
El azar del check-in empareja sin piedad a los que -como yo- viajamos solos.
Propuesta deportiva: intentar anticiparse al azar en la cola, adivinando quién será él o ella.
Conducta antideportiva: elegirla a ella, tan guapa, habitualmente vestida de negro, con esa expresión de nomeestoyanticipandoalazarenelcheckin tan habitual en l@s que viajamos sol@s.
Resultados de la jornada: Polaca de las que se persigna cuando el avión carretea antes del despegue; chico posiblemente_gay_camiseta_de_acapulco que insiste en averiguar mi procedencia mirándome el libro de reojo; hombre de negocios nervioso que censura sin disimulo mi ipod por motivos que sólo él sabrá; dos vuelos -madrugada- sin emparejamiento posible (avión semivacío); caballero de procedencia incierta con lenguaje tendiente al esperanto que había ocupado mi sitio y se disculpa.
Vuelta a casa. 12 horas de vuelo. Shirley. Vestida de negro.
Un Coup de dés jamais n'abolira le hasard... S.Mallarmé.
Propuesta deportiva: intentar anticiparse al azar en la cola, adivinando quién será él o ella.
Conducta antideportiva: elegirla a ella, tan guapa, habitualmente vestida de negro, con esa expresión de nomeestoyanticipandoalazarenelcheckin tan habitual en l@s que viajamos sol@s.
Resultados de la jornada: Polaca de las que se persigna cuando el avión carretea antes del despegue; chico posiblemente_gay_camiseta_de_acapulco que insiste en averiguar mi procedencia mirándome el libro de reojo; hombre de negocios nervioso que censura sin disimulo mi ipod por motivos que sólo él sabrá; dos vuelos -madrugada- sin emparejamiento posible (avión semivacío); caballero de procedencia incierta con lenguaje tendiente al esperanto que había ocupado mi sitio y se disculpa.
Vuelta a casa. 12 horas de vuelo. Shirley. Vestida de negro.
Un Coup de dés jamais n'abolira le hasard... S.Mallarmé.
Anonymous
A la vista está que el anonymousmato es algo generalizado, aceptable, permisible e incluso -a veces- apetecible; mi único pero es...
Se supone que debería identificar a cada anonymous por su seguramente personal e intransferible estilo ?
Glurps... (seguro que alguien se ofende después de leer esto). Quién me manda ser tan bloggermente incorrecto ?
Se supone que debería identificar a cada anonymous por su seguramente personal e intransferible estilo ?
Glurps... (seguro que alguien se ofende después de leer esto). Quién me manda ser tan bloggermente incorrecto ?


