miércoles, marzo 02, 2005

Diario de viaje (III) - Check out

Shirley. Vestida de negro.

Luce un pasaporte flamante y una sonrisa demasiado ingenua y amable como para ser habitante habitual de vuelos transoceánicos. Rellena con dificultad de pocos años de escuela los papeles de inmigración. Se entusiasma con facilidad de pocos años de guerra contando su historia.

Diz que tiene un namorado español que la ha invitado de visita. Diz que está casada y separada. Diz que tiene una hija que ha dejado con su exmarido para estrenar su flamante pasaporte. Diz que no querría morar na Espanha.

Enseña con brillo en los ojos un papel firmado ante notario, según ella ábrete sésamo de fronteras hostiles: o namorado se hace responsable. Según ella entiende todo en espanhol, incluyendo letras de canciones. No suelta en todo el viaje su chaqueta negra de piel ligera, endeble para fríos europeos de esos que enfrían hasta el alma, inútil para el sitio donde vive.

Shirley no conoce el camino de un enlace de aeropuerto, no sabe qué es un duty free, ni un detector de metales, ni un scanner. Shirley se deja guiar confiada por el laberinto y agradece -sonrisa luminosa latitud sur- la espera en zona fumadores del vuelo a Bcn.

Diz que no sabe de qué trabaja o namorado. Diz que nao pero está cada vez más asustada y convierte en parapeto la chaqueta, el pasaporte, los papeles firmados o no ante notario. No hay finger para el vuelo y asiste a su estreno de frío polar en el autobús que va al avión. Shirley agradece mi bufanda.

Llegada. Distintivos claros que tengo que explicarle. Control de pasaportes. Ciudadanos EU, Resto del mundo. Fin del viaje. Cada cual a un lado diferente de la barrera metálica que separa ambas filas. Una rápida. La otra lenta y minuciosa.

Ni miro hacia atrás al ir hacia recogida de equipajes, sabiendo como sé que no ha pasado y que deberá esperar, a un lado de la cola, hasta el final, cuando inspeccionen con detalle los casos poco convincentes.

Milagro logístico. Esta vez ha llegado la maleta.

Salgo a esa hora en que hasta los aeropuertos están casi vacíos; aunque las apariencias engañen, será relativamente fácil identificar a un hombre gordo evidente solterón o viudo, un aventurero enamoradizo, un traficante de mulatas de colmillo retorcido o un ciudadano común que fue a Brasil de vacaciones.

Nadie espera a nadie.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Sin duda, con frecuencia, es necesario mirar hacia atrás (aunque no tan atrás); de otra manera:

¿qué hubiese (o hubiera) sido de John Wayne?

¿cómo podríamos haber soportado la carga de no conocer qué llevó al lado oscuro a Darth Vader?

¿qué sería de Manolo (profesional de la construcción) y de su identidad, sin su mirada trasera?

¿qué sería de todos (y sí, de mí) sin esa virtual y bendita flecha (de atrás) que permite remediar torpezas normalmente irremediables?

No se trata de aumentar el desempleo entre el gremio de guardaespaldas, pero tampoco de temer (demasiado) a convertirse en estatua salerosa.

9:55 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

bienvenido desde otro sur.sé que no se puede hacer mucho más que prestar una bufanda,en estos casos,aunque a todos nos gusten las películas con "happy end" .ojalá que shirley tenga la oportunidad de encontrar a otra gente que sepa acogerla,y ojalá también que tarde mucho en perder su inocencia.
como por desgracia soy una repugnante egoísta (fruto de mi situación privilegiada en este primer mundo y sus malcriadeces) te ruego una mihita de abrigo ,que me está haciendo mucha falta.

6:02 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

sólo quería que supieras que he venido.

julia reis

3:39 a. m.  
Blogger no_name said...

Anonymous... los profesionales de la construcción ahora son Muhammed, me temo

María... cuando quieras (hace frío en todas partes últimamente) suponiendo que estés encontrable

Julia... Gracias por venir

Everybody... Espero que no moleste el ahorro de posts con múltiples respuestas (para las individuales, ya está el mail)

7:46 p. m.  

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